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¿A QUÉ JUGARÁN LOS NIÑOS EN LOS PRÓXIMOS AÑOS?

Para resolver esta pregunta habría que imaginar un mundo donde, después de un cambio tan veloz, se pudieran reestablecer ciertos valores. Estos tendrían que estar ordenados de una manera saludable y ser respetados por la mayoría.

El juego, extremadamente sensible a los vaivenes, entró en la vorágine del cambio. Es una resultante de este entorno que muy poco lo favoreció.
Lo real es que hoy, el juego infantil se presenta pobre, escindido, breve, violento y poco cargado de imágenes y recuerdos significativos...
¿Qué podría pasar, por ejemplo, en el año 2050?
Si por ese entonces la ciencia, logra instalar sus nuevos paradigmas en forma coherente y el hombre protege más la integración de su cuerpo con su alma...
Si de ésta transformación que hoy sobrellevamos, son rescatados aquellos objetos, símbolos, relatos que pertenecieron a nuestros ancestros...
Si el ocio deja de ser uno de los mejores negocios, y el deseo no es tan fácilmente resuelto consumiendo indiscriminadamente...
Si recuperamos, en esta loca carrera de improvisaciones sin significado y transgresiones sin razón, un ejercicio profundo con arquetipos claves como son: lo femenino - lo masculino – el héroe – el ángel- la bruja...
Si logramos salir del aislamiento reinante, pasando por encima a prejuicios y críticas y conquistamos, mayores aperturas para nuestra vida. También más libertad para nuestros sentimientos y los de nuestros hijos...
Si dejamos a los niños pensar y hacer solos, controlando un poco más nuestros miedos…
Si generamos un poco de amor, el necesario para activar el mecanismo de construir y destruir, indispensable para jugar y crear en plenitud...
Si retomamos el contacto perdido con los fenómenos de la naturaleza, que podrían enseñar “casi todo”... entre otras cosas, los procesos genuinos de cualquier desarrollo sostenible...
Si somos respetuosos del tiempo libre que merecemos y lo sabemos disfrutar, tanto para reír como para llorar y jugar...
Si permitimos que nuestros niños toleren la espera, sentimiento importante para encaminar los aprendizajes que ellos necesitan...
Es casi seguro que el 2050, brindará la alegría de niños jugando a la rayuela, el barrilete, las bolitas, el aro, el balero, la ronda, el ajedrez, la oca, las escondidas, la compraventa...
En las casas, patios, pasillos, campo y montaña, tendremos espacios y tiempos, para recrear aquellos juegos que hicieron padres, hermanos y abuelos de muchas generaciones atrás…
Podremos contar con videogames y juguetes mecánicos construidos por adultos creativos, amantes de enriquecer la fantasía infantil, sin herirla, manipularla o anularla.
Es probable que nuestros maestros vuelvan a contar los relatos magistrales de Caperucita Roja, la Bella Durmiente, Pulgarcito, Cenicienta... Recreando juegos con un multifacético espectro de ricas imágenes y emociones…
Seguro que veremos niños que jueguen con el árbol, sus semillas, sus ramas y su historia, o con el río y sus inagotables cambios...
Tal vez, las escuelas del mundo entero tengan menos miedo a la libertad y dejen que el juego entre por alguna puerta o ventana. Sólo necesita permiso, tiempo, compromiso, algunos trastos viejos y una dosis importante de amor...
Los niños ricos y los niños pobres, usarán lenguajes más cercanos, versátiles y abundantes en fantasías. Anticiparán un futuro, donde cada uno pueda hacerse responsable de las diferencias y ser más flexible cada día …
Reaparecerán orgullosas las muñecas, las máscaras, los títeres, los disfraces de todo tipo, vistiendo los miles de relieves de la geografía imaginaria infantil...
Estaremos en el momento justo, en que padres y maestros acepten que el juego es el “mejor banco de prueba para comprender y disfrutar la vida”. Elaborador fiel de pesares, angustias, alegrías y hasta del temor ineludible de la propia muerte.
El juego con toda su riqueza, sin duda traerá la esperanza perdida…

Lic. Hilda Cañeque

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