Bebino / Bebina: Un Nombre Respetable para el Ser Humano en Gestación
*Por Emilio Franchi Roussell
Para construir un edificio seguro y habitable es necesario cumplir una serie de etapas y requisitos.
Es primordial el estudio del suelo que permita el asentamiento sin riesgos de la edificación. El ingeniero de la empresa deberá hacer los cálculos para los cimientos, las columnas y vigas encadenadas, para la calidad y cantidad de los hierros para el hormigón armado, las lozas, en síntesis, para la solidez y seguridad de todo el esqueleto de la obra.
Toda esta metodología, todo este proceso reflexivo, racional y mediato, asegura la vida, el equilibrio y la permanencia sana y duradera del edificio.
De la misma forma, sería ideal que la concepción de todo ser humano, cumpla requisitos de valoración y respeto, racionalidad y mediatez, para asegurar su equilibrio y salud psicobiológica, desde la fecundación intrauterina, su vida prenatal, su nacimiento, su existencia postnatal y primera infancia. Esto requiere extrema y responsable educación de la adolescencia.
En este trabajo, es abordada la propuesta de otorgar dignidad y respeto a la criatura concebida al nombrarla como merece. Este propósito intenta sumarse a las indispensables normas de seguridad y cuidado durante su gestación, el parto y su nacimiento, en el proceso compartido con su madre, que así le otorguen la misma solidez y salud que reciben los edificios construidos bajo estrictas normas de calidad.
Introducción
Para construir un edificio seguro y habitable es necesario cumplir una serie de etapas y requisitos.
Es primordial el estudio del suelo que permita el asentamiento sin riesgos de la futura edificación. El ingeniero de la empresa deberá hacer los cálculos para los cimientos, las columnas y vigas encadenadas, para la calidad y cantidad de los hierros para el hormigón armado y las lozas, en síntesis, para la solidez y seguridad de todo el esqueleto de la obra.
Toda esta metodología, todo este proceso reflexivo, racional y mediato, asegura la vida, el equilibrio y la permanencia sana y duradera del edificio.
De la misma forma, sería ideal que la concepción de todo ser humano, cumpla requisitos de valoración y respeto, racionalidad y mediatez, para asegurar su equilibrio y salud psicobiológica, desde la fecundación intrauterina, su vida prenatal, su nacimiento, su existencia postnatal y primera infancia.
En este trabajo, es abordada la propuesta de otorgar respeto y dignidad de “persona por nacer” a la criatura concebida, al nombrarla como merece. Este propósito procura sumarse al responsable cumplimiento de las indispensables conductas de seguridad y cuidado en el proceso compartido con su madre, durante su gestación, el parto y su nacimiento, que así le otorguen la misma solidez y salud que reciben los edificios construidos, bajo estrictas normas de calidad.
Por tradición nos referimos a la criatura en desarrollo dentro del vientre uterino, con el término de “feto”, cuyo significado según los diccionarios es:
1. Producto de la concepción de una hembra vivípara, desde que pasa el periodo embrionario [a partir de la 9ª. semana] hasta el momento del parto.
2. Este mismo producto después de abortado, y
3. fig.: engendro, cosa o persona horrible.
Esa antigua denominación surge de una época socio-cultural donde tendría relevancia observar y calificar la materia, tratando al ser humano en desarrollo como si fuera un objeto o cosa, en simultánea y comprensible ignorancia de sus características espirituales y capacidades psicobiológicas totales, propias de una incipiente persona.
Con fecha 8 de octubre de 1993, envié un trabajo bajo el título de “Propuesta de un Nuevo Término” a la Real Academia Española, con el propósito de reemplazar el vocablo “feto” por el de “BEBINO” –síntesis de “bebé intrauterino”- para el niño y BEBINA para la niña.
El 25 de julio de 1995 presenté al Sr. Dr. Henry Jouval, Representante de la Organización Mundial de la Salud (OMS) mediante la dirección de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en Argentina, una copia de dicho trabajo para su posible apoyo ante la Academia de la Lengua, como ya lo hice ante muchas otras personas e instituciones, nacionales e internacionales, con la sugerencia de interesar a una organización similar de la lengua inglesa, para cambiar su denominación “fetus” por “BABY-IN”.
A continuación agrego los criterios que procuran avalar esta propuesta.
Fundamentos
1 – De Orden Psicobiológico
El término “feto” calificó al niño intrauterino como un ente, objeto o cosa, sin advertir las cualidades que le califican como persona en desarrollo, con las singulares facultades humanas que le distinguen.
En el momento de esa nominación original no existían los medios para conocerle con propiedad, que la ciencia actual dispone, ni los conocimientos que esos recursos otorgan, para establecer la designación conveniente, ajustada con las características espirituales y capacidades psicobiológicas de la criatura intrauterina.
El niño o la niña, al cumplir el programa genético de crecimiento durante su vida dentro el útero, iniciado en su concepción desarrolla las facultades que siguen:
-desde el 2do. Mes: su sensibilidad táctil
-desde el 3er. Mes: su olfato
-desde el 4to. Mes: su audición, la visión y su capacidad para vivenciar emociones y aprender.
En síntesis, el conjunto y suma de destrezas necesarias para iniciar un vínculo sensible con su madre, con el inolvidable claustro materno en que vive, con su padre, con el entorno emocional y físico que le alberga.
Cuando el niño nace prematuro, desde el 7mo. mes o antes, confirma la existencia y propiedad de esas facultades y a la vez desvirtúa una supuesta minusvalía que el término “feto” sugiere, de modo inmediato y concluyente.
Un niño nacido a término al noveno mes, fue “feto” durante sus dos últimos meses, mientras que el prematuro deja de serlo al nacer y en su carácter de recién nacido, convertirse de modo paradojal e inmediato en “niño” o “bebé”. Recordemos que muchos prematuros, de acuerdo con sus humanas facultades, lograron crecimientos de excepción, como por ejemplo: Einstein, Darwin, Galileo y Pascal.
Los atributos descriptos (tacto, olfato, visión, capacidad de vivenciar, registrar y conservar emociones en la primitiva memoria, de aprendizaje, etc.) permiten hablar de una “conciencia prenatal “, que en el nuevo lenguaje propuesto sería la “Conciencia Bebinal”. Esta “Conciencia Bebinal”, con origen y asiento psicobiológico en el cerebro emocional interno o Sistema Límbico (corteza hipocámpica, hipotálamo, amígdala, etc.) es la estructura capaz de registrar, archivar y evocar sensaciones, sucesos y emociones que el bebino protagoniza y vivencia, con placer o padecimiento en su vida prenatal, al iniciar el trabajo de parto con su madre, al instante de nacer y en momentos posteriores, ya como recién nacido. Su actividad permanece inconsciente y reprimida, pero ella es pasible de ser liberada por diversos estímulos, casuales o voluntarios, durante la vida adulta del individuo.
Sucesos o crisis en la persona ya crecida, origen de determinadas sensaciones corporales [tensión muscular, taquicardia, transpiración, miedo, etc., por hipertonía del sistema nervioso simpático], opresiones psicofísicas [compresión e inmovilidad, total o parcial del cuerpo], emociones de peligro [alarma, miedo e incertidumbre, impotencia, extrema debilidad y abatimiento, por estímulo del sistema límbico] o de relativo autocontrol [movilidad en vehículos, acmé en experiencias sexuales] etc., pueden ser eficaces disparadores para liberar o “des-reprimir” esa primordial conciencia, confirmar así su existencia y en su reaparición, comprometer el presente anímico y conductual del individuo.
Algunos factores o situaciones que provocan estados alterados de conciencia, eficaces para el resurgir de esa primordial percepción, son los que siguen:
- Crisis vitales, donde suelen existir: indefinición, incertidumbre, ignorancia, impaciencia e impotencia, alarma, pesimismo, angustia, peligro, etc., como ocurre en pérdidas afectivas o materiales, quiebras patrimoniales, migraciones, mudanzas, abandono de la casa paterna, en situación de soledad extraviarse en determinados espacios, fin de relación con organismos o vínculos terapéuticos, etc.
- Esfuerzos activos respiratorios o perturbaciones pasivas en la oxigenación normal [hiperventilación, carencia de oxígeno, crisis asmática, estados anémicos, hemorragias, etc.].
- Estados depresivos o de extrema tensión opresivo-emocional en relaciones humanas.
- Accidentes [opresión, inmovilidad corporal, experiencias de encierro con claustrofobia, quizás en terremotos, incendios o derrumbes]
- Prácticas de aventura o deportivas extremas [pasaje por túneles, desfiladeros estrechos, buceo, inmersiones o aislamientos prolongados, oscuridad, etc..].
- Tensión y opresión en espacios cerrados (ascensores, transportes, inclusión dentro de multitudes, realización de tomografías computadas, de resonancias magnéticas, etc.)
- Ejercicios de renacimiento [llamados a menudo, “rebirthing"].
- Experiencias oníricas.
- Vivencias en relaciones sexuales.
Stanislav Grof, médico checoslovaco, fundador y Presidente de la Asociación Transpersonal Internacional, residente en el Instituto Esalen, Big Sur, EE.UU., en su libro “La Mente Holotrópica” [Edit. Planeta, Argentina, 1994, pag.31] dice:
“Ya no puedo negar la evidencia de que poseemos la capacidad de revivir las emociones y las sensaciones físicas que experimentamos durante nuestro pasaje por el conducto vaginal cuando nacimos y que podemos re-experimentar episodios que tuvieron lugar cuando éramos fetos en el seno materno. En los estados no ordinarios de conciencia nuestra psiquis puede reproducir estas situaciones con vividos detalles.”
Mas allá del interés por el cambio del término, Bebino intenta destacar la alta sensibilidad, eficacia de percepción de registro y memoria de la Conciencia Bebinal del niño, con sus consecuencias negativas o positivas ante ulteriores situaciones críticas vitales, similares al instante de nacer, que a no dudar toda persona encaró o habrá de enfrentar en su existencia.
Cuanto mayor sea el conocimiento sobre la vida prenatal, las condiciones óptimas de concepción, el embarazo, parto y lactancia natural, el responsable cuidado tanto de la madre como de su hijo, etc., tanto más todo ello permitirá que el bebino instale una sólida y armónica conciencia bebinal, indispensable para su futuro equilibrio mental y completo crecimiento autónomo.
2- De Orden Jurídico
En este apartado seguiremos en principio, los criterios incluidos en el “Tratado de Derecho Civil Argentino”, de Raymundo M. Salvat y en el “Código Civil de la República Argentina”, y luego, aportes de otros autores.
El Dr. Salvat expresa:
“453. Principio de la existencia de las personas. Definición y naturaleza de las personas por nacer: En el concepto vulgar la existencia de las personas principia con el nacimiento; hasta entonces, aunque el ser humano viva en el seno materno, se le considera como una parte del cuerpo de la madre.
En el Derecho las cosas pasan de otro modo y según el Código Civil, el ser humano es considerado como una persona desde que está concebido, aún cuando todavía no haya nacido; el artículo 70, 1ª. Parte, establece en este sentido: “desde la concepción en el seno materno comienza la existencia de las personas; y antes de su nacimiento pueden adquirir algunos derechos [... a título de donación o herencia, según el art. 64], como si ya hubiesen nacido”. Estas personas son las que nuestro Código llama “personas por nacer”, definiéndolas el artículo 63 en los siguientes términos: “son personas por nacer las que no habiendo nacido, están concebidas en el seno materno”.
El Dr. Rodolfo Barra, Ministro de Justicia de la Nación, a su vez hacía explícito en una parte de su nota publicada en el diario “Clarín”, el 4 de julio de 1995, lo siguiente: “Nuestra Constitución – como fruto de la reforma de 1994- reconoce expresamente que la vida humana comienza en el instante mismo de la concepción. Así lo hacen el denominado Pacto de San José de Costa Rica y la Convención sobre los Derechos del Niño (con la declaración contenida en la ley 23.849) que integran el cuerpo de nuestra Constitución tal como lo dispone su art. 75, inc. 22. La misma norma en su inciso siguiente, reconoce determinados derechos del niño desde el comienzo del embarazo de su madre.
En el instante de interrumpir un embarazo, puede convenir por diversas razones (extrema pobreza, abundante prole, ignorancia, inmadurez, etc.) imaginar al ser en desarrollo, como una cosa o una mera agrupación celular, nombrar con desdén al “feto”y proceder sin más al aborto, conducta prohibida y penada por la ley argentina. En cambio, si su nombre fuese Bebino y Bebina, es posible que lleguemos a respetarle como virtuosa criatura, tierna e indefensa, merecedora de amor y vida plena, de adopción antes que de aborto, con derecho a su existencia y crecimiento total.
3- De Orden Cultural
Es difícil, quizás excepcional, encontrar una embarazada que llame “feto” a la criatura que lleva en su interior, a diferencia de profesionales y técnicos que así lo hacen, y de “fetales” a las cualidades que le reconocen como a las maniobras que con ella practican.
En general, la madre suele llamarle: “mi hijo”, “mi niña”, “Mi criatura”, “mi bebé”, etc., pero jamás “mi feto”.
Sentir y calificar al niño como toda progenitora “maternal” lo hace, en general hace difícil o imposible planear o practicar la interrupción de su vida, pero no así, cuando no habiendo sido deseado o aceptado, se le menosprecia y nombra como “feto”.
Al haberle brindado ese pobre y despectivo término, tal vez sin premeditación, se estimuló en el medio social, una popular conducta de desafecto e indiferencia, ignorancia y prejuicios acerca de su existencia y valor, de su humana condición y aptitudes psicobiológicas, a excepción de toda madre comprometida y crecida, de los progenitores y familias maduras.
Al recién nacido se le adjudica, en general con cautela, un nombre que lo califique y distinga junto con su apellido. Puede ser: Inés, Diego, Verónica, Rodrigo, Mariana, etc... Un apelativo que sus padres esperan le brinde placer y cierto orgullo; que a la vez señale su esencia y cualidad de persona digna, con derechos plenos. Tal nombre es un medio que otorga respeto social y confianza personal.
Dudo que se pueda encontrar un progenitor que decida llamarle “tipo”, “coso”, o algo semejante, cercano al tradicional “feto”. De ser así, solo lograría indiferencia, burla o menosprecio. Tal como se intenta y logra con apodos al estilo de: ”pibe”, “botija”, o similares.
La temprana descalificación original, el afecto maternal y familiar insuficientes, el sentimiento de insignificancia ante la naturaleza incontrolable y la enormidad del cosmos, su impotencia y transitoriedad vital, acomplejan al ser humano. Estos y otros factores, cooperan para generar el germen de la subestimación, de fácil cultivo y multiplicación, irracionalidad que ha adquirido carácter pandémico en la tierra dando origen a tradicionales conductas de odio excluyente y discriminación fanática, tales como: xenofobia, racismo, antisemitismo, genocidios, discriminación de personas, rivalidades ideológicas, crueles enfrentamientos políticos, religiosos, étnicos, deportivos, etc.
La muerte de 50 millones en la 2da. Guerra Mundial, 6 de ellos en los campos de concentración y exterminio, el aborto selectivo de las criaturas femeninas por la amenaza de la superpoblación en Asia., 30 mil compatriotas desaparecidos en nuestro caso, son algunos testimonios de esta enfermedad del menosprecio recíproco en la humanidad.
Síntesis y Propuesta
Darle a la criatura en gestación un nuevo nombre, aceptable para sus padres y la comunidad terrestre, acorde con su condición humana y las facultades psicofísicas descriptas sería una justa corrección, y un útil recurso para:
- Advertir, recordar y reconocer sus cualidades de “persona” en desarrollo.
- Confirmar los derechos al goce de su vida y salud, como a los legales que le corresponden
- Desanimar y disminuir las prácticas abortivas.
- Restringir e impedir comportamientos peri natales, profesionales o no, con frecuencia innecesaria o potencialmente dañinos en el trabajo de parto (anestesia, analgesia y sedantes a la madre y al bebino, por la conexión placentaria), inducción farmacológica al mismo, cesáreas no indispensables, fórceps en manos inexpertas, monitoreos, brusquedad en el trato al niño recién nacido, inclusión en nursery, aislamiento y prolongada separación de la madre, suspensión de la lactancia natural, etc.
- Anular definitivamente el término “feto” que ha servido para designar a la criatura abortada y a todo engendro, cosa o persona desagradable y prescindible.
- Iniciar una campaña mundial de revalorización del ser humano, partiendo desde la población de habla en español, nombrarle como BEBINO/A a la criatura, BEBINALES a sus cualidades, a las características de su comportamiento, a las maniobras que con ella se practica, y continuando con los anglo parlantes: BABY-IN, para el niño/a y BEBINALS, a sus características.
- Cooperar con las actuales campañas de transformación cultural en nuestro planeta, en dirección hacia conductas definitivas de inclusión, respeto y solidaridad, en resumen, de verdadero y efectivo amor entre todos los habitantes terrestres.
*Emilio Franchi Roussel, médico, egresado de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Buenos Aires.
Graduado como magister en Psicoinmunoneuroendocrinología en la Universidad Favaloro (2007) de Buenos Aires.
Su desempeño en la asistencia de la conducta psicobiológica del ser humano, la desarrolla y cumple como médico psicoterapeuta, observando criterios personales y de la psicología transpersonal.
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